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Gisela Quevedo

Mexicana migró a EEUU, durmió en el suelo y despertó como exitosa empresaria

La discriminación la hizo más fuerte…

La historia de la juarense Gisela Quevedo y su esposo originario de Venezuela, es el reflejo de que cuando se quiere, se puede enfrentar un verdadero cambio de vida y comenzar de nuevo en otro país.

Ahora que han pasado 15 años desde que decidieron emigrar a Estados Unidos, recuerda Gisela, que no han sido fáciles, pero no imposibles para llegar a convertirse en empresarios exitosos.

Como si se tratara de un sueño, todavía guarda en su memoria, que llegó con su esposo Rodrigo Favela, su hijo Rodrigo Alejandro de 1 mes de nacido.

Estaban ahí, frente al modesto departamento de una recámara, en donde las cuatro paredes se convertirían en su primer hogar, ubicado en un rancho de Crowley, Texas.

Aquí entrevisto a Gisela, que parece su historia sacada de un cuento de ruinas al inesperado sueño americano.

1. ¿Dónde conociste a tu esposo?
Gisela: En Venezuela

Entusiasmada comenta un poco de su historia. Ella trabajaba en Ciudad Juárez, Chihuahua, para Canal 44, El Canal de las Noticias, en la sección de Deportes. Viajó al país de Venezuela para realizar un reportaje sobre la cascada más grande del mundo, el “Salto Ángel” que se encuentra en el Parque Nacional de Canaima. Rodrigo, su ahora esposo era el gerente de la expedición.

-Salto Ángel en Venezuela, la cascada más grande del mundo, lugar donde se conocieron

Fue todo tan rápido, continúa platicando Gisela. Decidí quedarme un mes allá. Durante ese tiempo comenzamos a relacionarnos más a fondo. Él me pide que no me regrese a Juárez, pero debía hacerlo para avisar a mi familia y renunciar al trabajo.

2. ¿Te enamoraste de él?
Gisela: Como una loca

Describe que vivió como una película lo que hizo cuando regresó a su ciudad. Donó su ropa, vendió su auto, le dijo a todo el mundo que se iba y claro todo el mundo le preguntó, ¿Con quién te vas a ir? Ella contestó, “con Rodrigo”.

3. ¿A qué se dedica él?
Gisela: Es Velerista, es una persona que se dedica a navegar, él era entrenador en Venezuela, te enseña como a navegar es como un COACH.

Después de realizar todas esas actividades en poco tiempo, Gisela se regresa a Venezuela con Rodrigo, y comienzan a vivir en un Velero J24, el cual carecía de baño, camas, pero ella lo define como “El velero del amor”, porque es cuando queda embarazada. Pasaron 7 meses y toman la decisión de salir del país.

-Gisela Quevedo en velero J24, similar al que fue su primer lugar para vivir “El velero del amor”

En ese tiempo le ofrecen trabajo en Dallas, Texas a Rodrigo, decide aceptarlo, mientras ella se regresa un tiempo a Juárez para luego internarse en El Paso, Texas y dar a luz a su hijo. Su esposo va por ellos para irse a vivir los tres e iniciar esta historia en Crowley, Texas.

4. ¿Cómo inició la llegada a otro país?
Gisela: Llegamos a un rancho en Crowley, Texas, mi hijo de 1 mes de nacido, Rodrigo y yo.

Por cuestiones del empleo, él adquiere una visa de trabajo y ella una visa de acompañante, por lo que le impide a ella trabajar. Comenzaron a vivir en un modesto departamento.

Nos platica Gisela, era el mes de abril del año 2005. El sueldo que recibían eran 800 dólares al mes, pagaban de renta 550 dólares. Sin embargo no era suficiente para adquirir muebles y artículos básicos para el departamento. Tenían una mesa de cartón, de utensilios eran solo 2 platos, 2 vasos, no tenían cama, el niño nunca tuvo cuna.

Lo único que adquirieron, era una computadora para poder estar conectados con “el resto del mundo”, así lo definían. Tampoco tenían televisión y dormían en el piso.

5. ¿Cómo te sentías en ese tiempo, con un bebé recién nacido?
Gisela: ¡No, no! Justamente por eso no tuve otro bebé, me desesperaba mucho, era la primer vez que yo estaba en un sitio de 4 paredes, sin conocer a fondo el idioma, sin poder comunicarme, no conocía a nadie, no podía trabajar, sin manejar un carro.

Continúa describiendo Gisela el lugar, Crowley, Texas, “Es un sector muy difícil de vivir, hay un alto nivel de delincuencia y no podía salir. Yo no podía agarrar la carriola con el ‘carajito’ (el hijo) salir a pasear, y salir a la calle, ¡No!”

6. ¿Qué comían?
Gisela: Comíamos frijol, arroz. Aquí ya ves que te ayuda el Gobierno para dare alimento del niño, entonces nos daban, huevo, lentejas. Es la ayuda de WIC (Programa Especial de alimentos suplementarios para Mujeres, Bebés y Niños).

Como éramos personas de bajo recursos, el Gobierno se encarga de que por lo menos le niño tenga alimento. Al “Chinchu”, (hijo) yo le di pecho hasta que tuvo dos años de edad.

7. ¿Llorabas?
Gisela: Si claro, a mí me costó tres años acostumbrarme a vivir aquí. De tener una vida tan activa, de andar de aquí, allá, viajas, regresas, súbete a la motocicleta, tírate del avión, tírate del parapeto, ¿Sabes? A no hacer nada, a no estar con mis amigos, a tener un bebé, para mi, si fue un impacto muy fuerte.

Continúa Gisela narrando sus inicios en EEUU, “Lo que comencé hacer, es lo que a mí me gustaba. Yo antes pintaba acuarela, eso a mi me relajaba. Empecé a irme a los museos, a ver las pinturas.

Aquí hay muchos talleres gratis de todo, ¿Sabes? A esas eran a las que yo iba. A obras, museos, festivales, todo de arte y que fuera gratis.

Como no podía [salir del país], lo que hacía es que llenaba el tanque de gasolina del auto de mi esposo, manejaba medio tanque a donde fuera, porque en ese tiempo no tenía, celular, ni GPS. Simplemente decía a donde voy, norte, sur, este, fijaba en mente hacia el norte, medio tanque de gasolina y cuando veía que llegaba a la mitad, daba la vuelta en “U” y me regresaba como quien dicen agarraba monte”.

8. ¿No conocías a nadie?
Gisela: A nadie, cero nada, porque te digo, no teníamos dinero como para ir a un gimnasio y conocer a alguien. Entonces lo que yo empecé hacer, es conocer gente en los museos, en los parques y así empecé a relacionarme con la gente.

Así es cuando Quevedo da un paso más para enfrentar las diversas situaciones que vivió en tierras estadounidenses. Señala, “Un día ‘El chinchu’ tenía como 1 año de edad, estábamos en un parque. Me acuerdo perfecto, había un niño más grande que él y lo empujó. Mi hijo nunca ha sido de llorar, jamás. Siempre ha sido de carácter muy fuerte y fuerte de espíritu.

Esa vez lo tira el otro niño, él se para, se limpia las manos. Vuelve a pasar el niño y lo vuelve a empujar y en ese momento mi desesperación fue, porque nada más al otro niño fue decirle, ¡No, no! Y el pequeño solo me veía. Para mí fue una frustración terrible. No pude defender a mi hijo, ese fue mi primera frustración, el hecho de no saber inglés y no poder defender a mi hijo. Dije, ‘¿Sabes qué? Se acabó’. Yo me voy a estudiar inglés.

Aquí en Estados Unidos hay muchas iglesias que tienen programas gratuitos para enseñarte inglés y eso fue lo que yo hice, comencé a estudiar. Me prohibí ver televisión en español, comencé a escuchar radio en inglés en el carro, traía una libreta y cuando oía una palabra que no conocía, medio la escribía y buscaba el significado de lo que era”.

De momento recuerda uno de los episodios que marcaron su vida y entender el significado de dar gracias. Relata, “Un día en Acción de Gracias, en el año 2005, un amigo de Rodrigo el cual conoció en el trabajo de pronto llegó y tocó la puerta de nuestro departamento.

Venía en un camión con todos los muebles de su casa. Porque como él se iba a casar, la mamá le amuebló toda la vivienda nueva. Entonces todos el mobiliario que tenía, nos lo regaló. Cuando te digo todo, es todo. Tenedores, cucharas, servilletas, vasos, cobijas, sábanas, almohadas, toallas.

En ese tiempo compraba todas mis cosas en la tienda del Dollar Tree y él llegó con una mesa, sillas, camas, juguetes para el niño. Ahí me di cuenta que realmente la gente te ayuda, sabe que eres un inmigrante. Que estás empezando desde cero, que no tienes nada pero estás trabajando para conseguir un futuro mejor.

¡Ojo! Rodrigo no le dijo a él que no teníamos nada, él simplemente llegó ese día y dijo ‘aquí están todos mis muebles, porque sé que ustedes están recién llegados’. Para mí era mi primer Thanksgiving y para mí fue eso, encontré el significado, de lo que es Dar Gracias a la gente que te ayuda, porque ellos sabes que tú eres un inmigrante”.

9. ¿Como inmigrante haz sido víctima de discriminación?
Gisela: Si, en un accidente.

Gisela continúa, “Era la época que ya se comenzaba a usar los celulares, yo estaba parada en un semáforo con la luz en rojo y veo por el retrovisor una Suburban que venía a toda velocidad y dije ‘no va a frenar’, además observé que venía hablando por teléfono la mujer que la conducía.

Suelto el freno y junto las piernas. Conducía en una Ford Focus, ella por la velocidad a la que transitaba me empuja al carril contrario. La tipa me impacta por atrás y los autos por enfrente. Iba con mi niño y lo traía en el portabebé. Mi auto quedó como acordeón.

Cuando yo me baje para sacar al niño, la responsable ve que yo tengo un niño en brazos e intenta darse a la fuga y un auto la bloquea para que no se escape. Varias personas se bajan preocupadas para ver como estábamos.

La mujer estaba peleando con el esposo, medio alterada empieza a insultarme y me grita,

‘Mexicana de mierda qué haces en mi país, fue tu culpa. No tienes licencia eres una indocumentada'”.

-Insulto de mujer responsable en accidente

10. ¿Cómo se dio cuenta que eras mexicana?
Gisela: Por mi inglés en ese momento era mocho, no podía comunicarme muy bien. Me preguntaban algo y yo solo contestaba “yes, yes, yes”. Si he tenido muchas agresiones por ser mexicana, incluso mi esposo me dice que ya no diga que soy mexicana, pero yo nunca voy a negarlo.

En la entrevista nos cuenta la juarense cómo llegaron a formar su empresa, “A Rodrigo lo explotaban mucho, el empleador no quería que nosotros nos legalizáramos. Él quería que nosotros nos quedáramos [con visa de trabajo] porque de esa forma tenía la manera de controlarte y de no pagarte.

Yo le dije a Rodrigo, ‘Tenemos que aplicar para una visa para podernos quedar’, aunque teníamos la visa de trabajo, pero le pertenece a la empresa y era por 2 años.

Acto seguido, metimos los papeles por aptitudes especiales, por mi esposo, por ser deportista. Porque él viajaba compitiendo y tenía que demostrar que era el ‘top ten’ a nivel nacional. Es una visa que le dan solamente a los deportistas, a los jueces o a investigadores en su rubro.

Con todo esto cuando ya aplicamos para ser residentes, obviamente el jefe se molesta, necesitábamos dinero para realizar el trámite, por tal razón Rodrigo le pidió que le prestará mes por mes y así hacer un ahorro. El empleador le dijo que no, que era problema de nosotros”.

En su relato, nos comparte como les llegaban las oportunidades, “Un conocido de mi esposo se fue a vivir a Puerto Rico y nos vendió su carro. Un auto deportivo porque tuvo conocimiento que nos chocaron el nuestro. Lo vendía en 600 dólares, nosotros no teníamos esa cantidad.

Vivíamos al límite.

-Gisela Quevedo

Le pedimos prestados a mi mamá el dinero. Finalmente compramos el auto y lo vendimos por 2,800 dólares. Nosotros necesitábamos 2,500 dólares para iniciar los papeles de migración y con eso fue como empezamos a tramitar la residencia”.

Insiste,

“Dios no te cierra las puertas, de verdad que no. Por eso es que uno siempre tiene que ser agradecido y bendecido. Uno no tiene que rendirse, uno tiene que salir adelante, aunque todo se vea tan difícil”.

-Gisela Quevedo

Gisela logra una de sus metas, “Nos hacemos residentes y seguía el maltrato del empleador hacia Rodrigo. Le digo a Rodrigo ‘vamos a independizarnos’, para ya no estar bajo el yugo de ese señor. Recuerdo que me contestó, ‘Cuando tengamos tres meses ahorrados de sueldo, nos independizamos’. Y yo decía, ‘*%/%$%’. Yo lo veía como en si me hubiera dicho 10 años.

Tiempo después, comienzo a trabajar de maestra dando clases de español en un Montessori (una primaria) y empezamos ahorrar un poco de dinero. De pronto sucede lo inesperado, justo el día del cumpleaños de Rodrigo, un 28 de septiembre, hace 9 años. Yo estaba dando clases de español y por las tardes tomaba clases de inglés. Llega a mi salón lo cual me sorprendió, y dije ‘que raro’, me preguntaba, ‘¿Qué hace él aquí?, él debería estar trabajando’.

Se para frente a mi y me dice ‘renuncié’. Le pregunté, ‘¿Cómo que renunciaste?’ y él le respondió, ‘Sí’. Para eso el empleador no le pagó el sueldo de septiembre y teníamos que pagar el mes de la renta.

En ese momento actuamos rápido y fuimos a la librería Barnes and Noble a comprar un libro que te enseña cómo hacer una página de Internet.

-Gisela Quevedo

Con el libro, la computadora, día y noche tratando de ver cómo eran los algoritmos, los HTML, cómo hacer una página, teníamos que darnos prisa para estar listos en noviembre”.

11. ¿Para qué era la página?
Gisela: Para vender artículos relacionados con veleros, accesorios, ropa, velas.

12. ¿Cómo era el proceso?
Gisela: Rodrigo tenía los contactos con los proveedores. Batallamos bastante gracias a su ex patrón. Porque le dijo a todo el mundo, que nosotros nos habíamos robado una base de datos, lo cual era mentira.

Entonces todos nos cerraron las puertas y sólo un proveedor de Florida creyó en nosotros. Con eso empezamos nuestra ventas y la nombramos, Vela Sailing, la cual nace en nuestro departamento”.

-velasailingsupply.com

13. ¿Cómo deciden el nombre?
Gisela: Por la vela, la vela principal del velero, Favela, el apellido de mi esposo, significa las personas que hacen velas.

El drama no termina, “Luego nos enteramos que el ex jefe, compró [el dominio] velasailing.com cuando se dio cuenta que estábamos con la compañía, compra el dominio y nosotros tuvimos que ponerle velasailingsupply.com.

Para entonces, ya teníamos un departamento de dos recámaras, una era la recámara del niño, la otra de nosotros, el niño se va a dormir a la sala. Convertimos la oficina en ‘storage’, entre cajas, era todo.

14. ¿Qué los movía a salir adelante?
Gisela: El hijo, siempre la motivación era el ‘Chinchu’, toda la vida ha sido el ‘Chinchu’. Los padres hacen todo por sus hijos. Uno si está solo, no importa si comes una lata de atún y al día siguiente no comes ni madr3$. Pero cuando tienes un carajito que es tu responsabilidad y que está detrás de ti. Y es cuando dices tú, “lo tengo que hacer”.

-Rodrigo Alejandro “El Chinchu”, hijo de Gisela y Rodrigo

Gisela agrega, “Por eso digo que los migrantes se vienen a este país por sus hijos. Porque es un dolor muy diferente, lo que le pasa a él duele, pero te duele, ¿Sabes? Si tu estás solo, no importa.

Yo tardé tres años en tratar de aclimatarme aquí de entender en si, que es lo que estoy haciendo. Lo estoy haciendo por gusto y por un futuro. Cuesta arriba. Tienes malas caras, tienes muchos insultos y tienes mucha gente que no quiere que tú seas exitoso”.

Gisela reflexiona,

“No es ambición es el decir yo puedo, aunque todo se me venga encima, yo puedo”.

-Gisela Quevedo

15. ¿Hubo un momento que te arrepentiste estar en Estados Unidos?
Gisela: ¡Jamás! Nunca, y te voy a decir porque, porque nosotros venimos desde abajo. Era feliz el dormir en el piso, no me hacía menos que nadie. Yo decía ahorita me toca estar así, pero yo sé que más adelante si yo tengo disciplina, dedicación, esfuerzo, soy responsable y hago las cosas bien, yo sé que más adelante voy a tener una recompensa.

Gisela concluye, “Ahorita Gracias a Dios es un lugar muy bendecido, yo me siento bendecida de estar aquí, todo esfuerzo, todo sacrificio, tiene su recompensa, siempre, siempre”.

16. ¿Algún mensaje que quieras decir a la gente que está pensando migrar?
Gisela: Que sigan su corazón. Es lo mejor, que jamás se den por vencido, todo es posible. Si tú tienes fe. Si tú haces bien y ser agradecido. Yo tuve la bendición del señor que vino a darme muebles. Una motivación más, hay que ayudar a los migrantes.

De pronto Gisela recordó a su tía Laura Genoveva Sierra, quien le decía,

“Nunca digas no puedo y no se, esas palabras anúlalas de tu cabeza, porque tu vida se va limitando”.

-Laura Genoveva Sierra, tía de Gisela

Esta historia llena de momentos difíciles, que hicieron de unos migrantes a ser más fuertes en un país que no es el suyo, están dejando huella, sobre todo muestran como una familia puede seguir adelante. Son un verdadero ejemplo de superviviencia.

-Gisela Quevedo y su esposo Rodrigo Favela en la actualidad, 2020

Un agradecimiento especial a Gisela Quevedo por compartir parte de su vida, la cual está llena de sentimientos y que su manera de ser la hace una persona realmente admirable.

Para estar al tanto de más “Historias extraordinarias” como esta, los invito a que me sigan en mis redes sociales, FacebookTwitterInstagramYouTube y en mi portal perlarico.com, nos vemos ahí.

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